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En nuestra opinión el techo de Arguijo fue pintado por unmaestro sevillano que se
movía entre los intelectuales de la época y conocía bien a los maestros del XVI, en
especial a Pacheco. Un artista que representa el final del manierismo y que tímida-
mente podría estar anunciando en 1601 el comienzo de una nueva etapa del arte
sevillano. De los pocos pintores conocidos que hayan sido ubicados en este lugar,
sólo Alonso Vázquez podría aceptarse como autor de las pinturas de Arguijo
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.
En 1601, a dos años de su marcha a México, Vázquez empieza a desprenderse del
duro pelaje manierista del que hizo gala en la
Santa Cena de la Cartuja
(hoy en el
Museo de Bellas Artes). En obras como
La aparición de Cristo a San Ignacio camino
de Roma
(Catedral de Sevilla), el dibujo empieza a perder fuerza. Justo entonces
trabaja con Pacheco en la serie de la vida de San Pedro Nolasco y San Ramón No-
nato, para el convento de la Merced calzada de Sevilla. A la que tan sólo aportó dos
cuadros, donde se impone la monumentalidad.
Enel cierre de suetapa sevillanahay que inscribir otros dos encargos,el de las pinturas
del retablomayor de la iglesia del Hospital de las Cinco Llagas y el cuadro que presidió
el Hospital de San Hermenegildo. Éste último acabado por Juan de Uceda. Su produc-
ciónmexicana no cambió mucho, a tenor de lo que se conoce en la actualidad
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.
En el techo de la Casa de Arguijo se aprecian destellos del arte de Vázquez, tanto
en la composición como en la definición de las figuras. Los personajes femeninos
de cerúleas carnes, formas turgentes, en cuyos rostros se asoman los arreboles,
los hemos visto en otras obras seguras del maestro. El ángel de cabellos rubios y
ensortijados que lleva una flecha tras Mercurio, en el Olimpo, presenta un notable
parecido con el que impone la corona de rosas al San Sebastián del retablo de las
Cinco Llagas. Y la figura femenina inmediata recuerda en su fisonomía a cualquiera
de las Vírgenes del maestro, en especial la Virgen del Pozo Santo.
Los monumentales desnudos se encuentran próximos a los que pintó en la serie de
San Pedro Nolasco. Del mismo modo que sus rostros, dibujados a gruesos trazos y
con abundantes sombras terrosas. Los cielos teñidos de diversos azules, con preva-
lencia de los tonos pálidos y agrisados.
Detalles de la cenefa decorativa de las pintu-
ras del techo procedente de la casa del poeta
Juan de Arguijo.
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Palacio de Monsalves
Historia del edificio y sus moradores