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“U
n gran dolor puede dar sentido a una vida, pero una pléyade de pequeños tormentos arrebatan con
certeza la felicidad”. Este pensamiento de PabloWeisberg puede acompañar a la actividad de Cirugía Menor
desde el mismo instante de su inclusión en la cartera de servicios del Servicio Andaluz de Salud.
En efecto, si hubiéramos de definir del modo más ajustado este quehacer sanitario, sin duda el calificativo
sería resolutivo. El paciente percibe esta acción como inmediata, de rápida respuesta y solución definitiva del
problema que le atormenta en los términos que sugería nuestro filósofo. Nada hay que complazca más al
enfermo, con independencia de la gravedad de su caso, que la identificación y cura de su proceso en el menor
tiempo y con el mínimo sufrimiento imprescindible. Pero además, la Cirugía Menor es participativa, consti-
tuyendo uno de los apartados en los que más se evidencia la corriente de comunicación entre los diferentes
profesionales y los pacientes objeto de su trabajo: Les recibimos, les exploramos, les desinfectamos, les ope-
ramos, les suturamos, les curamos y un patólogo del hospital nos dice si todo ha ido bien, con una fluidez que
desearíamos para otras dolencias. Y nuestros ciudadanos ven que uñas insolentes, verrugas inoportunas, ne-
vus inquietantes, papilomas contumaces y quistes pesadísimos... todos hallan su justo merecido en las manos
(recordemos que la palabra cirugía etimológicamente hace referencia a los que trabajan con ellas) de aquellos
que cuidan de esos males que precisan bisturí y que llamamos menores. Aunque unos y otros sepamos que ni
son nimios ni despreciables.
Por tanto, volvamos de nuevo al pensamiento inicial y saludemos esta nobilísima kheirurgós y con ella a los
profesionales que tan humilde y competentemente la han practicado durante estos últimos veinte años.
Carlos Martín-Peñasco
Medina
Médico de Familia
Centro de Salud de Rota
Distrito de atención
primaria Jerez-Costa
Noroeste
Rota (Cádiz)