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ay pocos momentos en los que una persona esté más vulnerable que ante la enfermedad. En que se vea
más desprotegida o débil que estando enfermo y tener que entrar en un hospital. El dolor, la angustia y la in-
certidumbre sobre lo que le está pasando. La fragilidad, la tristeza y el miedo que siente. El desconcierto sobre
su estado, la ruptura de su rutina, la desorientación ante un medio desconocido.
Son esos momentos en los que necesita que una enfermera, un médico, una celadora, un secretario... estén
cercanos, alguien en el que apoyarse, que transmita calor, cercanía, humanidad. Que le cuente qué le pasa y
qué le va a pasar, que le diga que no está sólo, que hay gente formada y profesional que lo van a atender como
si fuera la única persona que existe y que van a volcar en él toda su destreza y conocimientos que son muchos
y actuales.
En este tiempo, la espera debe ser la imprescindible, la información suficiente y clara, la escucha activa, los
profesionales identificables y de confianza, el papeleo fácil, el horario de visita adecuado, la orientación senci-
lla, las habitaciones cómodas y limpias, la comida buena, la hostelería confortable, la intimidad asegurada, la
confidencialidad indiscutible.
Ahora es cuando los valores de la organización sanitaria pública deben evidenciarse: la equidad, la solidari-
dad, la compasión... cuando la formación adquirida debe ponerse en juego, la capacitación técnica tiene que
demostrarse, la seguridad en los conocimientos ha de traducirse en acción, la coordinación y la colaboración
entre los profesionales debe asegurarse. Todo a disposición del que nos demanda ejercer su derecho a la salud.
Juan José Mercader
Casas
Director Gerente
Hospital del SAS
Torrecárdenas
Almería