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e encanta ir a mi médica. Es pediatra y es muy simpática. No sólo me cuida cuando estoy mala, sino que
también me ve y me atiende para que siga creciendo bien.
Está en el mismo centro de salud donde van mis padres a ver a su médico. Es un edificio que está limpio y
cuidado y tiene muchas consultas, que es donde te ven. La consulta de ella, bueno, mi consulta, es más bonita
que la de mis padres, y tiene mucha luz. Tiene dibujos hechos por mí y otros niños colgados en las paredes, y
fotos y carteles con muchos colores, y uno que dice mi mamá que está en inglés, que es como hablan en las
películas de la tele de papá.
La primera vez que me llevó mi mamá a verla, tenía miedo, porque creía que me iba a hacer daño, pero fue
muy cariñosa, y me dejó jugar con un aparato con el que te escucha el pecho, según me contó, y me miró la
boca, sin meterme fuerte el palo, y me miró los oídos, diciéndome que estuviera atenta, que me iba a mirar
con una luz y que me fijara si la luz me decía algo, pero no me dijo nada. Luego me ha visitado muchas veces,
y siempre tiene una palabra amable conmigo. Creo que es mi amiga, como las que tengo en el colegio. Pero
además es algo más, porque me cuida cuando estoy enferma y me visita para que cada día esté más sana y
crezca fuerte. Es un poco como mi mamá. Me protege y puedo confiar en ella. Eso sería... una mezcla de amiga
y mamá. Me comprende y guarda mis secretos, que compartimos juntos.
Ella ve muchos niños al cabo del día, y en la sala de espera los hay desde muy pequeños, que van en sus ca-
rritos, a otros muy mayores, que me miran como perdonándome la vida, como diciendo “vaya mocosa ésta...”.
También me miran raro por mis ojos. Mi mamá y mi médica dicen que es porque son muy bonitos y llaman
la atención.
Es una suerte tener una amiga mayor que sea casi otra mamá.
Fermín Quesada
Jiménez
Médico de Familia
Centro de Salud Cartuja
Distrito de atención
primaria Granada
Granada