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lo largo de estos veinte años se ha producido un cambio en la imagen de la asistencia sanitaria, al que se
ha contribuido desde la arquitectura, el mobiliario, las nuevas tecnologías…
El paciente como eje del sistema, el reconocimiento a sus derechos y a su individualidad marcan un antes y un
después en el SAS.
Está cambiando el perfil de edad de los profesionales. Y asistimos a la feminización de la medicina. Esto que
sucedía históricamente en enfermería, ahora también ocurre dentro de las especialidades médicas, pero no
claramente en todas. Esto no es así en el área quirúrgica. Sin embargo, hay un hecho diferencial entre las
mujeres que ejercemos hoy la medicina con aquéllas que podíamos ver en nuestros hospitales de hace 20-30
años. Aquellas mujeres tenían una identidad profesional más consolidada. Habían creado espacios propios de
sociabilidad profesional. Se identificaron así mismas como mujeres médicos con unas cualidades diferentes y
complementarias a las de los médicos varones.
Casi nada de esto está presente en las médicas jóvenes que, en tanto mujeres en la profesión, no tienen con-
ciencia de grupo y están en conflicto casi permanente respecto al sentimiento de inabarcabilidad de distintas
facetas de la vida que les gustaría desarrollar. Viven como antagonista y casi incompatible la carrera profesio-
nal y maternidad. El único elemento de continuidad se encuentra en la preferencia por la especialidad.
Las mujeres pioneras en la medicina no están en la memoria colectiva de las médicas jóvenes. Creemos que el
sistema de género opera dentro de las especialidades y de la profesión borrando estos rastros, y que hay que
hacer un esfuerzo para construir la genealogía de mujeres. No sólo hay diferencias en cuanto el predominio
de la mujer en las distintas especialidades. Su representatividad es mínima en los cargos de responsabilidad
donde sí que parece haber un techo de cristal. La matrícula de estudiantes de medicina femeninos supera a
los masculinos. En algunos años tendremos más médicos mujeres en ejercicio que hombres médicos. ¿Es esto
necesariamente positivo o negativo para la profesión médica y para la mujer?
La mujer puede quedar relegada, de nuevo, solo que con mayor capacitación a curar-cuidar. Para la profesión,
existe un gran debate a este respecto y es precisamente desde mujeres con cargo de responsabilidad dentro
de la medicina donde se valora como negativo.
Es esa paridad de género en las facultades lo que permitirá que la profesión médica se adelante a lo común.
Este adelanto puede suponer una penalización social a la profesión porque en la inmensa mayoría de todas
las naciones del mundo la mujer carece del estatus que se atribuye al hombre.
Es por tanto posible que una medicina donde las mujeres sean más numerosas que los hombres, sea una
profesión que vea disminuida su influencia y estatus en la sociedad.
Mª José Requena Tapia
Jefa de Servicio. Directora
de la Unidad Clínica de
Urología
Hospital del SAS
Reina Sofía
Córdoba