144
H
ace poco más de veinte años se inició en Andalucía un proceso de transformación de la asistencia a la en-
fermedad mental, que marcó un antes y un después; quizás ninguna otra especialidad sanitaria haya experi-
mentado, en este tiempo, un cambio tan radical e importante como el de la Salud Mental en Andalucía.
Esta transformación, conocida como “La Reforma Psiquiátrica”, supuso el cierre de los manicomios y la
creación de un nuevo modelo de atención basado en los planteamientos de la Salud Mental Comunitaria. El
cambio de un modelo básicamente asilar y escasamente terapéutico a la incorporación de alternativas tera-
péuticas diversificadas en modelos teóricos y equipos multidisciplinares, para dar respuesta a las demandas y
necesidades de prevención, tratamiento, rehabilitación e integración social de los enfermos mentales.
Pero el logro fundamental de este proceso de cambio, lo ha supuesto “el trato” al paciente: del trato vejatorio,
marginador y estigmatizante que sufría el enfermo mental, al respeto a sus derechos fundamentales, a su
dignidad y a la de sus familias.
En el antes de este proceso de cambio queda en la memoria y en el recuerdo la imagen de los manicomios,
la soledad del enfermo mental, cabizbajo, ausente e ignorante de su marginación y del supuesto peligro que
representaba para la sociedad, donde no había listas de espera, ni estancias medias, ni reingresos, ni conti-
nuidad de cuidados. Sí había escasos profesionales para atender a un gran número de pacientes, que sabían
cuándo entraban pero nunca cuándo saldrían.
Contaba un compañero que había tantos enfermos y tan pocos profesionales, que uno de ellos tomó la inicia-
tiva de ponerles en el dorso de la mano, con un sello, la fecha en la que habían sido vistos, en la certeza de que
no podría reconocer ni sus caras ni sus historias. Parece que han pasado mucho más de veinte años pero ésta
y otras historias, las han vivido compañeros que no han llegado a la edad de jubilación.
En el después hay una nueva imagen y un fondo diferente. La realidad no es idílica, ni tendría por qué serlo;
la enfermedad mental, más que ninguna otra, habla del sufrimiento humano, pero la imagen de este grupo
terapéutico, donde la mirada y la escucha de emociones, sentimientos y desvaríos son parte fundamental del
tratamiento, quizás refleje más que ninguna otra lo que ha supuesto la transformación de la asistencia a la
Salud mental en estos últimos veinte años.
Lourdes Sánchez García
Psiquiatra
Coordinadora Área de
Salud Mental
Hospital del SAS
de Valme
Sevilla