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adie quiere verse solo en los trances más importantes de la vida, ya sean alegres, como un nacimiento,
o tristes, como en el caso de la enfermedad. Esta soledad, esta indefensión, se hace más profunda cuando
nos enfrentamos con un proceso que exige cualquier tipo de intervención más o menos cruenta. El miedo al
quirófano, a la anestesia, al sufrimiento, son realidades socialmente conocidas, profundamente enterradas
en el acervo cultural de la comunidad. Y es en estos espacios donde el profesional de la salud, más allá de su
pericia técnica y sus habilidades como clínico, demuestra lo próximo que se encuentra al hecho de enfermar
y a la realidad de la persona que nos confía algo tan valioso como su salud.
La mirada de un experto siempre cuida. Nos acerca al paciente y su entorno, es la primera herramienta para
la comunicación y el canal preferente para inaugurar cualquier relación terapéutica. A su vez, nos permite
identificar la incomodidad, el dolor, un gesto, lo que nos faculta para convertirnos en un sentido más del
paciente que le garantiza una respuesta rápida ante cualquier necesidad o demanda.
El contacto, la presencia, que tienen en la mirada su expresión más refinada, son las herramientas más pode-
rosas para generar bienestar en cualquier escenario, por agresivo y aséptico que éste sea.
Luis Torres Pérez
Enfermero
Hospital del SAS
Virgen de la Victoria
Málaga