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na vez más comienza el trabajo en el quirófano del hospital.
Un grupo de mujeres y hombres con un objetivo común: curar, mejorar o aliviar a través de la cirugía.
Llega un nuevo paciente, nervioso, inquieto ante lo desconocido. Tras unos minutos ya se siente más tranquilo
y confiado. Todos nos hemos presentado, nos hemos dirigido a él con cariño y respeto y le hemos transmitido
confianza. Mientras preparamos lo necesario para llevar a cabo la intervención, hemos conseguido nuestro
primer propósito: que se sienta más seguro.
Comienza la intervención quirúrgica; puede parecer rutina, pero despierta todos nuestros sentidos. Duran-
te años, nos hemos estado preparando para cada uno de estos momentos. Largas horas de concentración y
trabajo en cualquier horario que han supuesto un esfuerzo adicional, físico y mental, no sólo nuestro, sino
de cada una de las familias que hay detrás de cada profesional. Una vez en quirófano, conseguir el objetivo
común hace sin duda que el esfuerzo merezca la pena.
La técnica nos la han ido enseñando nuestros predecesores, compañeros que nos han transmitido sus co-
nocimientos con generosidad y rigor. También progresivamente incorporamos nuevas alternativas y nuevas
tecnologías. Para ello, hemos precisado largas horas de adiestramiento en el quirófano experimental y en di-
ferentes áreas y centros de formación. Con el impulso y apoyo oportunos y con la experiencia del tiempo, nos
hemos convertido en expertos y centro de referencia en algunas de estas técnicas, por lo que también hemos
asumido nuestro papel de formadores y transmisores del conocimiento.
Se nos ha enseñado a tomar decisiones, basándonos, cómo no, en los conocimientos científicos y en la in-
vestigación, pero también en la experiencia y el sentido común. Esta parte del aprendizaje tampoco termina
nunca.
Finaliza la intervención. En nuestra mente, siempre seguimos manteniendo la inquietud por incorporar todo
aquello que pueda suponer innovación, mejores resultados y mayor satisfacción del paciente, lo que al final
se traduce en una mayor satisfacción de todos y cada uno de los profesionales que estamos implicados en el
proceso del acto quirúrgico.
Francisco Javier Torrubia
Romero
Jefe del Servicio de
Urología
Hospital del SAS
Virgen del Rocío
Sevilla