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A
l mirar la fotografía de este moderno TAC digitalizado, probablemente helicoidal y multicorte, representa-
tivo de la más moderna tecnología sanitaria, la mirada se dirige, espontáneamente, hacia el sanitario enmar-
cado por la ventana del gantry, resaltando que el mayor valor de la tecnología en nuestra práctica diaria, no es
ella en sí misma, sino el uso adecuado que los sanitarios sepamos darle. Este concepto tiene especial impor-
tancia en mi especialidad de oncólogo radioterapeuta, donde el uso de tecnología punta, imprescindible para
una adecuada práctica clínica, no es más que un medio para alcanzar nuestro objetivo, que no es otro que
cuidar a personas que sufren, intentando curar su enfermedad y haciendo su paso por nuestras unidades, lo
más amable posible.
Desde la perspectiva que da la experiencia de más de veinticinco años ejerciendo en nuestra comunidad y
con el sesgo lógico de haberlo hecho siempre en nuestro hospital de Cádiz, los logros obtenidos en la asisten-
cia oncológica han sido sustanciales desde la aprobación de la Ley de Sanidad en 1986, que descentralizó la
atención sanitaria, propiciando la creación de nuestro Sistema Andaluz de Salud, y corrigió las desigualdades
sociales existentes hasta ese momento, al permitir el acceso a la asistencia sanitaria a la inmensa mayoría de
la población. Durante este tiempo, como es lógico, han ido aumentando los recursos destinados al tratamien-
to de los pacientes oncológicos, especialmente a mediados de la década de los 90, pero seguían existiendo
evidentes carencias y graves desequilibrios provinciales. Este panorama cambia radicalmente con la puesta
en marcha del I Plan de Calidad, y como consecuencia del mismo, la puesta en marcha del Plan Integral de
Oncología, desde donde se ha realizado un gran esfuerzo para adecuar los recursos para el tratamiento de
los pacientes con cáncer, corregir los desequilibrios regionales, aproximar las unidades de tratamiento a la
residencia de los pacientes y hacer la asistencia oncológica más cercana y amable. En este camino hemos
dispuesto de dos herramientas facilitadoras, que han sido los Procesos Asistenciales Integrados oncológicos
y las Unidades de Gestión Clínica, que han permitido aumentar la coordinación interniveles, horizontalizar la
asistencia al eliminar barreras organizativas, aumentar la información que reciben nuestros pacientes y co-
laborar con ellos en la toma de decisiones, acortar las demoras para el diagnóstico o el tratamiento, y cuando
por desgracia llega el caso, facilitarles que el fallecimiento se pueda realizar en su domicilio, en su ambiente
familiar y acompañados por sus seres queridos.
En resumen, y como me sugiere la fotografía, este importante esfuerzo organizativo y despliegue tecnológico
(representado en el TAC), aunque necesario, no tendría ningún valor si no se basara en el convencimiento per-
sonal (representado en el sanitario) de que lo verdaderamente importante es tratar a las personas, humanizar
la asistencia, propiciar la cercanía y el trato amable, con el objetivo de aumentar la satisfacción de nuestros
pacientes y por tanto, la nuestra.
Enrique Alonso Redondo
Médico especialista en
Oncología Radioterápica
Hospital de SAS
Puerta del Mar
Cádiz