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ace ahora 21 años que acabé la residencia de Medicina Familiar y Comunitaria, los mismos años que hace
de la creación del SAS. Como eran otros tiempos, en menos de dos meses ya trabajaba como Médico de
Familia en una interinidad, y a pesar del tiempo, el fondo de nuestro trabajo sigue siendo el mismo: pasamos
consulta, hacemos guardias o atendemos a los pacientes en su domicilio, pero lo que sí ha cambiado y mucho
es el “envoltorio”, el “con qué”.
Al principio, también coincidimos con el proceso de reforma de la Atención Primaria, que había comenzado
unos años antes; se crearon los Distritos, las Zonas Básicas y los Centros de Salud, donde atendíamos a nues-
tros pacientes, nos reuníamos, hacíamos formación continuada, realizábamos el Diagnóstico de Salud de la
zona y empezábamos a historiar a nuestros pacientes. Fue la época de aquellas historias familiares, con todas
las historias personales de sus miembros dentro y de las fichas piloto (rosas y azules) donde además del espa-
cio para los datos personales de cada paciente, había otros destinados a unas pegatinas de colores que identi-
ficaban distintas enfermedades crónicas y distintos programas de salud. Y así, poco a poco, fuimos haciendo la
“foto” de la población que atendíamos. Empezamos a registrar las cosas que hacíamos, incluso codificábamos
las patologías, llegando a aprendernos de memoria muchos de los códigos de laWONCA.
Los Centros de Salud se fueron consolidando, se incorporaron nuevos profesionales y se dotaron de más recur-
sos materiales; los equipos se afianzaban y la capacidad de resolución también aumentaba; esto fue particu-
larmente importante en las zonas rurales.
Se tardaron más de diez años en empezar a informatizar las consultas. Al principio con algunos proyectos lo-
cales y después de forma global con la TASS. A pesar de todos los beneficios que esto nos supondría, teníamos
cierto temor a este nuevo cambio. Pero igual que en la vida diaria, nos adaptamos a las nuevas tecnologías,
nosotros y los pacientes, para los que los ordenadores eran unos extraños en las consultas, a los que mirába-
mos más que a ellos mismos y a los que a veces hasta hablábamos. Algunos hicimos cursos de mecanografía
(era importante escribir sin mirar demasiado al teclado y rápido) y en algunos casos la mesa se nos hacía
pequeña a la hora de controlar el ratón.
Por fin nos acostumbramos, ya no se nos bloqueaba tanto como al principio; el ordenador llegó a suplantar a
la historia de papel, a los registros a mano y aunque parecía imposible, también nos acostumbramos al ruido
de las impresoras. Cuando parecía que la cosa estaba controlada, llegó la era de internet y con ella la Historia
de Salud Digital, DIRAYA, la Receta XXI... y en ello andamos, con dificultades como siempre, con expectativas y a
pesar de los años, esperando que no sea el último cambio que nos toque hacer, para poder seguir atendiendo
a nuestros pacientes como mejor sabemos hacerlo, aunque sea con otro “envoltorio” o con otros “con qué”.
Isabel de Andrés Cara
Médica de Familia
Centro de Salud
Levante-Sur
Distrito de atención
primaria Córdoba
Córdoba