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na mirada, como instrumento de la comunicación más profunda, que va más allá de lo personal o humano,
que es expresión de la auténtica relación terapéutica.
En el uniforme, aunque con rotulador, unas siglas la identifican como profesional de los cuidados, y como tal
realiza una de las intervenciones más delicadas: que el bebé consienta ponerse el chupete; el objetivo: ganarse
su confianza, si él acepta se inicia todo un camino juntos, será SU ENFERMERA.
El momento es delicado, hay que procurar un ambiente cálido, confortable, seguro, íntimo.
Imagino la satisfacción de ambos en dicha comunicación, manifestada con una sonrisa o un “agó”.
Y la de aquéllos que, aunque en segundo plano, son co-protagonistas de la escena, responsables de la misma
al consentirla, atentos a todo lo que pueda generarles confianza o desconfianza, se trata de su bebé, su ser
más querido e indefenso.
Como madre, recuerdo el pellizco en el estómago cuando dejaba a mi hija en manos de algún profesional, al
igual que la inmensa tranquilidad de poder contar con otros profesionales a los que acudir en tantos momen-
tos de duda, de miedos o de auténtica necesidad, y que con sólo verlos, parecía que todo “estaba controlado” y
mi hija segura, salvada.
Como profesional, la grata responsabilidad de asumir los cuidados al niño, en su casa, con los suyos, y ayudar a
éstos a saber cómo hacer para vivir de la forma más sana cada momento de los primeros días, meses, años de
la vida de su bebé.
Muchos programas “clásicos”, todavía se debatían cuando el de la Atención al Niño Sano era ya una realidad
madura en los centros, asumida por los profesionales, aceptada y respetada por la población. Considerado por
muchos como el “programa estrella” de la Atención Primaria.
Han sido años de andadura, de ajustes continuos del Programa a la nueva tecnología, a las últimas novedades
en evidencia, de crecimiento en número de consultas y de profesionales...
Y en todos los actos clínicos que se han ido sucediendo a lo largo de estos años esa “mirada”, indispensable,
presente en el momento crucial del encuentro de un profesional con la persona receptora de sus cuidados.
Como si de un escaparate se tratara, el bebé apreciará la realidad de nuestro Sistema Sanitario a través de
todas y cada una de las miradas con las que contacte en él, desde su nacimiento y a lo largo de toda su vida.
¿Qué mostramos a través de nuestros ojos?
María Dolores García
Márquez
Enfermera
Centro de Salud de
Mancha Real
Distrito de atención
primaria Jaén
Mancha Real. (Jaén)