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sta foto está tomada en África, en el quirófano del St. John of God Hospital (Camerún), pero podría ser de
cualquiera de esos países donde, en su conjunto, mueren diariamente 30.000 niños de enfermedades infec-
ciosas, que se podrían evitar; donde el SIDA ha dejado 13.000.000 de huérfanos, estimándose que esta cifra se
eleve a 25 millones para el año 2010. Podríamos seguir añadiendo cifras escalofriantes de tuberculosis, lepra,
leishmaniosis..., 1.500.000 mueren al año de malaria, la mayoría de ellos son niños menores de 5 años.
Pero ¡ojo!, estas cifras debemos valorarlas en su contexto, porque estas personas, sobre todo los niños, se
mueren por diarrea y malnutrición.
En nuestro “mundo del bienestar y del derroche” se habla mucho de fármacos, de conseguir fármacos a bajo
precio; pero los que hemos trabajado en ese “otro mundo”, el planteamiento que nos hacemos no es ¿cómo
curar la malaria o el SIDA?, sino ¿cómo tratar al paciente que vive en un ambiente de pobreza absoluta?
Conseguir fármacos a bajo precio es importante, por supuesto, pero el problema más grave es la carencia de
médicos, la falta de personal sanitario en general, a ser posible originario de esas zonas, para que todas las
medidas que se adopten sean eficaces.
Y ¡qué paradoja!, porque estamos hablando de África, ese continente que tiene forma de un gran corazón,
como el de Antonio, el cooperante granadino de la foto, que empapa el suyo, de un tierno y callado misterio de
amor, al abrazar con toda su alma a Emilie, esa paciente de mirada limpia y asustadiza antes de ser operada.
Es el privilegio y la grandeza de la Cooperación, todo un regalo. Nos dan mucho más que nosotros a ellos,
sobre todo, si somos capaces de recorrer el camino que cruza sus pensamientos, como ocurre en el caso de
Emilie. Creo que lo conseguimos, ya que, al despedirnos cada año, nos piden, con cánticos y danzas, que no les
olvidemos, que volvamos porque nos necesitan. ¿Qué será de nosotros si nos abandonáis?, nos repiten una y
otra vez los más discapacitados, que, por desgracia, son muchos.
Allí dejamos un trocito de nuestro ser, que reencontramos al año siguiente.
Enseñemos lo que sabemos a los países pobres. África nos necesita.
Agustín Gómez Martínez
Jefe del Servicio de
Traumatología y Cirugía
Ortopédica
Hospital del SAS
La Inmaculada
Huércal-Overa (Almería)