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ara vez somos conscientes de que es en el contexto de nuestro sistema sanitario donde llegan a la vida las
personas, donde los seres humanos reciben sus primeros cuidados. Cuidados que en las últimas décadas se
han tecnificado gracias a los avances científicos y técnicos pero que no pueden ni deben perder la orientación
humanística.
La foto que ahora contemplamos pone de manifiesto, a través de la mirada y la posición protectora de la
enfermera hacia el niño una interacción basada en valores como la cercanía, la calidez, la simpatía, la preocu-
pación por el
otro
frágil y vulnerable y por el propio entorno en el que se desarrolla el cuidado. Es ésta una
relación que se basa entre otros elementos en la confianza y en la ayuda. Así, podemos pensar que la madre,
probablemente recuperándose del parto, confía en la pericia y buen hacer de la enfermera. Madre que recibirá
cuidados encaminados a restablecer su normalidad y a desarrollar competencias para cuidar de sí misma y de
su hijo mediante la ayuda y educación que le proporcionará su enfermera.
Educar implica desarrollar en las personas los conocimientos, las destrezas, las motivaciones y los sentimien-
tos que le permitan afrontar los autocuidados terapéuticos con autonomía y responsabilidad.
En el cambio del nuevo paradigma social y relacional han influido tanto el progreso como el cambio de valores
acontecido en nuestra sociedad. Así, enfermeras y ciudadanos y nuestro sistema sanitario, hemos convergido
en un nuevo espacio donde las relaciones ya no están basadas en el poder sobre el otro, sino con el
otro
. Se tra-
ta de desarrollar capacidades para que el ciudadano pueda cuidar de sí mismo y de sus dependientes median-
te la información y la educación y la toma activa de decisiones que afectan a su proyecto vital y a su salud.
La participación activa de niños, de los padres, de las personas dependientes, son también una muestra del
respeto de las enfermeras por las capacidades de las personas, por el respeto a la libertad, la dignidad, la
unicidad de las personas y por la esperanza en el potencial de todo ser humano. Ahora ya nada es posible sin
contar con la participación activa de ese
otro
.
La imagen de la foto nos evoca que en el Servicio Andaluz de Salud, las enfermeras planifican y proveen cuida-
dos a las personas desde su nacimiento; pero también lo hacen durante las diferentes etapas de desarrollo, en
distintas situaciones vitales y al final de la vida, tanto en el hospital como en la comunidad.
El SAS, en una clara apuesta por orientar los cuidados hacia la excelencia, está promoviendo el desarrollo de
las competencias de enfermeras, porque como nos recuerda el filósofo G. Gadamer “La salud depende de fac-
tores muy diversos y el objetivo final no es tanto recuperarla como capacitar a los pacientes para que puedan
disfrutar de la vida”.
Josefa Guerra Arévalo
Directora Enfermera
Hospital del SAS de Jerez
Jerez de la Frontera
(Cádiz)