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ste es el trabajo al que nos dedicamos hace mucho. En el pasado creía que podría llegar a aburrirme. Estaba
equivocada. Al final, forma parte de tu vida. Una vida llena de días buenos, de días malos, de altibajos. Con
frecuencia te planteas si merece la pena continuar. Muchas de esas situaciones son salvadas por la ilusión
que ponemos, y por la emoción que sentimos cuando algo va bien. Gran parte de los que trabajamos en esto
tenemos sensaciones similares. La salud de los pacientes está en nuestras manos. Esto nos hace diferentes y, a
menudo, más sensibles.
No recuerdo cuándo me levanté. Ha pasado tanto tiempo. Sé que la paciente que estaba en coma, ahora
va mejor. En cambio, el joven con hemiparesia no mejora y las pruebas son normales. No entiendo lo que le
pasa, y además ahora con fiebre. Bueno, a otros les fue mejor. A primera hora ya se fueron de alta el paciente
epiléptico que seguíamos en las consultas y la señora de la cefalea. Me tengo que acordar de revisar la historia
y volver a verla.
A primera hora puede parecer imposible. Tantas actividades quedan por hacer. Sin embargo, la experiencia te
enseña que las tareas se irán sucediendo y serás capaz. La verdad es que todo ayuda, los compañeros, aquella
enfermera que habló con la familia y el niño que atendí en la consulta después de su alta. Nadie apostaba por
su vida cuando llegó al hospital, pero ahora... me regaló un caramelo.
No sé cómo está el tiempo. No salgo desde ayer. No veo la luz del día, sólo la penumbra. Dicen que está solea-
do. Con suerte mañana hará buen día. La verdad es que no estaré para nada. Además, tengo que preparar la
sesión clínica.
Qué fácil es a veces, y qué difícil otras. En esos días duros la historia se complica y podemos llegar al límite de
las fuerzas, al límite del buen humor. Pero al fin, todo pasa y nos sentimos satisfechos y orgullosos de nuestro
trabajo.
Para entenderlo, tal vez tengamos que recordar aquello que exigía Hipócrates al que iba a entrar en el mundo
de la Medicina:
Quienquiera que esté por adquirir un conocimiento competente de medicina, debe poseer las siguientes
condiciones: habilidad natural, instrucción, un lugar favorable para el estudio, intuición desde la niñez, amor
al trabajo, tiempo. Ante todo, se requiere una habilidad natural porque si la naturaleza se opone, todos los
esfuerzos serán vanos. Más aún, se tiene que trabajar un tiempo largo, de manera que el aprender eche raíces
y produzca frutos adecuados y abundantes.
Mª Dolores Jiménez
Hernández
Jefa del Servicio
de Neurología y
Neurofisiología
Hospital del SAS
Virgen del Rocío
Sevilla