Page 43 - mUSA

Basic HTML Version

Herrera, al protocolar la escritura de obliga-
ción, dice que deberá pintar
en el lienzo prin-
cipal el santo de cuerpo entero, hincado de
rodillas, haciendo orasión a Cristo Nuestro
Señor, que allí se a de pintar en lo alto con su
trono de gloria y los doze apóstoles
, lo que
por otra parte no era extraño en el momento,
de modo que dada la temática, los recursos
expresivos y de escenografía compositiva par-
ticipan de un profundo barroquismo tanto
por la distribución espacial, la jerarquización
de personajes y actitudes y el propio con-
cepto pictórico formal, con predominio de un
sentido tonal con enérgico juego de claros-
curo en el que se fundamenta el efecto vigo-
roso, dinámico y monumental de la obra.
Cabe destacar la formación de una tensión
compositiva sobre la diagonal entre el Cristo y
las mismas, sobre todo de las principales, e
incluso ha permitido aventurar cómo debió
ser en su disposición original el conjunto del
retablo. Asimismo figura en esta documenta-
ción el compromiso formal y personal del
autor de hacer
por mi persona, del mayor
primor del arte
y comenzar el trabajo, desde
luego de la firma de los documentos, hecho
que sucedió el día 3 de Noviembre de 1638 y
darlo acabado
para quince de Junio de 1639.
El plazo de ejecución, sin lugar a dudas muy
breve (ocho meses), pone de manifiesto la
capacidad creadora, el dominio absoluto del
oficio y el recio y fogoso temperamento per-
sonal y artístico del maestro.
La iconografía de la obra fue condicionada
por el encargo de los monjes y el propio
el santo y la situación de éste en un plano y
término identificable con el espectador que
de esta forma es invitado a integrarse en la
escena pictórica.
En 1810 sufrió el retablo el expolio de las
tropas francesas y fue depositado en las Salas
del Real Alcázar sevillano donde fue inventa-
riado, junto con los otros cientos de obras
expoliadas
5
. Esta obra se devuelve después a
su lugar de procedencia. En 1835, tras la
desamortización de los bienes eclesiásticos,
esta pintura es depositada en la Catedral his-
palense de donde pasará en 1840 a formar
parte de los fondos del recién creado Museo
de Bellas Artes, instalado en el convento de
la Merced Calzada, siendo inventariado como
obra de primera clase, con el nº 1945
6
.
4. Tratamiento de limpieza de la superficie pictórica. Se
aprecian los daños ocultos por las intervenciones anterio-
res: roturas y plegamientos del tejido original, lagunas con
pérdida de la preparación y del color, desgastes en los
bordes del cuarteado, etc.
5. Radiografía de la imagen de San Basilio. Son muy evi-
dentes la costura de las telas del soporte numeros daños
subyacentes
4
5
42
mus-A / 1