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Algo similar, ocurre con el gesto de su mano
izquierda, que adelanta con delicadeza el
dedo índice en actitud –según se ha suge-
rido– de sostener un rollo o volumen. Este
motivo iconográfico repetido recurrente-
mente, no es más que el símbolo de la cultura
empleado como un signo de superioridad
social. Son frecuentes las representaciones de
escenas domésticas de la vida patricia en las
que el
pater familias
sostiene un volumen en
la mano. Este volumen está relacionado con la
idea que las clases altas tenían de la cultura
(un saber más superfluo que práctico), identi-
ficada normalmente con determinados entre-
tenimientos como la retórica.
Por último debemos comentar la vestimenta.
Ésta, al parecer, fue realizada en un taller de
fundición distinto al de la mano y la cabeza,
que bien pudieron ser importadas, mientras
que la toga sería realizada por un taller local.
La toga, es el símbolo de la dignidad civil
romana. Consiste en un paño de lana en
forma de sector circular cuya colocación es
compleja y de alguna manera, aún se nos
escapa, a pesar de que contamos con un
pasaje de Quintiliano en que se explica la
manera de vestirla. En ocasiones especiales,
a requerimiento de ciertas ceremonias, se
empleaban togas particulares como la
prae-
texta
o la toga
candida
(de ahí la palabra
“candidato”), que era utilizada por los aspi-
rantes a las magistraturas municipales en los
discursos de la campaña electoral.
El resultado, según lo conocemos por las
representaciones de los togados, es el
siguiente: después de cubrir la espalda, la toga
caía en un gran pliegue que alcanzaba el
tobillo (
ima toga
), otro (
sinus
) a la altura de la
rodilla, desde donde pasando por detrás del
cuello, caía sobre el hombro izquierdo (
summa
toga
) para plegarse en la cadera derecha
(
balteus
) y anudarse finalmente a la altura del
abdomen
(umbo)
.
Las identificaciones propuestas para el per-
sonaje retratado, así como la datación de la
escultura, se basan en cuestiones estilísticas
y formales, habida cuenta de que la apari-
ción se produjo fuera de contexto. Las
características de la estatua a este respecto
apuntan a la retratística romana del siglo III.
Si el peinado corto y hacia delante posee
una larga tradición en los retratos romanos
exquisito colador romano de bronce). Pero no
está muy claro si la vía avanzaba por el río de
Píñar (afluente del Cubillas, entre Escalona y
Periate) o bien directamente hacia el norte,
por el mismo río Cubillas desde Iznalloz, atra-
vesando los terrenos del Cortijo de Faucena,
de donde tenemos noticia de la aparición
de la inscripción C.I.L. II 2063 (PASTOR y
MENDOZA, 1987).
No obstante, aún se ha sugerido que el lugar
podría ser un antiguo
oppidum
o poblado for-
tificado indígena al que habría sucedido una
ciudad romana, donde habrían residido los
accitani veteres
, esto es los miembros de un
ordo especial, vinculado al ordo de Acci
(PASTOR, 2000), e incluso se ha sugerido que
la inscripción dedicada a
Lucius Aemilius
Propinquus
pudiera ser el pedestal que sopor-
tase al Togado de Periate. Sin embargo, unos
pocos materiales cerámicos superficiales no
parecen avalar esta hipótesis. También choca
que la mencionada inscripción sea fechable en
el siglo II y la escultura lo sea en el siglo III. Esta
cuestión, en fin, queda abierta a la discusión.
Evaluemos ahora la identidad del personaje.
La estatua que nos ocupa es sin duda alguna
un retrato. Así lo demuestra el realismo de
los rasgos pese a cierto esquematismo en el
peinado y la barba, tópicos que se deben
más a la costumbre y a la moda que al reflejo
veraz del personaje. No obstante, la cara
acusa un gesto idealizado, con la mirada
hacia arriba, como corresponde a la dignidad
del emperador y a la grandeza de su posi-
ción, venerado como un dios en vida y rector
de los designios del mundo mediterráneo y
gran parte de Europa.
desde Augusto en adelante, es seguro que
con la dinastía antonina desaparece, reapa-
reciendo en la época de Alejandro Severo
hacia el 230-240. Estos tópicos apenas si
admiten excepciones. Este nuevo estilo
conocido como “renacimiento galiénico”
está relacionado con el cabello corto, y el
peinado hacia delante, pero cuidadosa-
mente indicado. Otro detalle de importancia
es que tanto la pupila como el iris hayan
sido indicados en las órbitas oculares, cos-
tumbre que no se seguía hasta estas fechas.
Por otro lado, se ha querido identificar en el
gesto el estilo de esta época, que Bianchi-
Bandinelli denominaba “el dolor de vivir”,
“la aflición, la angustia moral”. En fin, la
pesadumbre de quien tiene que regir un
imperio amenazado al mismo tiempo desde
el Norte de África, los Balcanes y
Centroeuropa, y que verá cómo se rompe el
limes
en el año 252, después de tres siglos de
estabilidad.
Así pues, los investigadores han constatado
el parecido del togado con las efigies escul-
tóricas y monetales del tiempo para llegar a
la conclusión de que se trata de una repre-
sentación de Claudio II el Gótico (268-270)
o, con bastante menos probabilidad, del
emperador Decio (249-251) (ARCE, 1982).
Pero no ha podido identificarse un modelo
exacto del que el Togado de Periate pudiera
haber sido copiado, sino tan sólo el parecido
físico con estos emperadores. Esto se debe a
lo cortos que fueron sus reinados, que por
tanto dieron lugar a un número reducido de
representaciones. La fragmentación política y
la inestabilidad en el poder son característi-
cas del siglo III. Al haber cierto parecido
físico con el modelo, es lógico pensar que
pudiese existir otro modelo oficial que aún
no conozcamos debido a la escasez de repre-
sentaciones que lo hubiesen seguido. Por
otra parte, la identificación como Claudio II
parece coherente con la evolución política de
la Bética. El último gran intento de interven-
ción política por parte de los senadores
béticos y las grandes familias aristocráticas
de la provincia había sido el apoyo a Clodio
Albino, que provocó las posteriores represa-
lias del candidato vencedor en el 193,
Septimio Severo, en forma de cuantiosas
confiscaciones. En adelante, la aristocracia
bética será más templada a la hora de incli-
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