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n la segunda mitad del siglo XVIII, las máquinas cambiaron el mundo. Nada ni nadie quedó al margen de
esta conmoción. Salvo los fabricantes de las máquinas y sus dueños, el resto de la humanidad se sintió despla-
zado y minusvalorado. Antiguos tejedores, carpinteros, hilanderos, etc., quedaron sin trabajo y sumidos en una
miseria progresiva. Algunos se enojaron hasta tal punto que asaltaron fábricas y destrozaron esas máquinas
que tanto daño les habían hecho. Así, en algunos países, se llegó a imponer la pena de muerte a quien destru-
yera una máquina.
Esta animadversión, si no ancestral sí antigua, del humano hacia la máquina, tal vez explique, al menos en
parte, la desazón que ocasiona contemplar el enjambre de artilugios, sin atisbo de humanidad, que se nos
muestra en la fotografía adjunta. Pero, esta desazón se diluye si controlamos nuestra inicial emoción y anali-
zamos más detenidamente la realidad. Y la realidad es que la tecnología, críticamente evaluada y bien usada,
sirve para automatizar lo rutinario, vislumbrar lo simplemente invisible y abarcar lo naturalmente inabarcable.
En estos años de funcionamiento del SAS, muchas cosas han cambiado para ajustarse a los nuevos tiempos.
La esperanza de vida de nuestra población es mayor, las cotas de bienestar, educación y exigencias de la
sociedad han aumentado progresivamente y la tecnología ha evolucionado de forma exponencial. Los profe-
sionales sanitarios han sabido responder a estos retos y están, además, preparados para los futuros. Hemos
reorientado nuestra relación con los ciudadanos para hacerla cada vez más participativa, científicamente más
fundamentada y humanamente más cálida y cercana, sin sacrificar la universalidad, la sostenibilidad ni la
equidad del sistema.
Definitivamente, en materia de salud, tecnología y humanidad no son conceptos opuestos, sino realidades
sinérgicas.
En la frialdad de la aglomeración de máquinas mostrada en la fotografía, subyace una humanidad implícita.
Ángel Salvatierra Velázquez
Jefe del Servicio de Cirugía
Torácica
Hospital del SAS
Reina Sofía
Córdoba