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osar, incluso “distraídamente” en el trabajo, suele ser básicamente un ejercicio cordial, alejado de las fuerzas
del destino que parecen amenazar nuestra actividad. Comentar la pose fotográfica, un intento
voyeur
inédito
en mi caso. Un viejo clínico, eludiendo la propaganda no deseada, comenta una semblanza cotidiana de unos
de nuestros centros. No se si el simio del fondo a la derecha me simboliza equívocamente.
Tres jóvenes profesionales, frente a esa nueva herramienta asistencial ineludible, el ordenador, desarrollan
su trabajo. Lo hacen en una de nuestras unidades farmacéuticas. La ausencia de pacientes, el contexto de
ordenación del espacio y, el rótulo en la bata de una de las fotogénicas sanitarias, me lo aseguran, además
me suenan mucho los tres, aunque no es mi hospital. No se trataba de acertar, pero a mí me interesa dar por
hecho que pertenecen a unos de esos servicios que considero emergentes en nuestra red. Aquellas especia-
lidades que en otros tiempos llamé “fontaneras”, habitaban casi imperceptiblemente los sótanos, ahora se
han hecho imprescindibles, cercanas, cooperantes. Aunque el marco fotográfico no es, precisamente, el “za-
farrancho de combate” que escenifica una reanimación cardiopulmonar, una plétora de urgencia o primaria,
ni una sofisticada intervención extracorpórea, sí constituye una moderna imagen de un proceso de soporte
esencial para la clínica, la farmacia hospitalaria. En mi experiencia, la prestación profesional más expresi-
va del paso del anonimato al protagonismo en nuestras instituciones. Puedo asegurar que no es sólo esa
avalancha de nueva jerga de vocación eficiente: VINE, genéricos, principio activo, NTNR, DDD, etc. Los nuevos
farmacéuticos no es que hagan sesiones genuinas y periódicas con los clínicos, es que, y sobre todo, están
diariamente entre nosotros, aportándonos su oficio y su ciencia de forma admirable. Me alegro de convertir
esta oportunidad en una declaración justa y saludable, como homenaje a la cooperación entre profesionales
de dispar formación.
De otra parte, creo que nuestro gigante, desde mi lealtad espontánea al sistema público, carece un poco de
alma, de valores profesados, colectivamente integrados, no integristas. De nuevo en la escena: tres sanitarias y
un sanitario, atmósfera civilizada, con
soul
, un ámbito de intimidad laboral poco relacionable con determina-
das actitudes corporativas, zafias y de no verdades, menos aún, con algunos elementos dirigistas y autorita-
rios. En la implicación profesional y, la colaboración entre disciplinas y estamentos, están las claves de trans-
portar a toda la maquinaria el pálpito reconfortante de la foto. Además de la satisfacción trascendente que
conlleve, para nosotros y para nuestros ciudadanos, hará también que nuestros minutos en el trabajo sean
verdaderamente divertidos.
José Antonio Cuello
Contreras
Jefe del Servicio, en
funciones, de Medicina
Interna. Director de
la Unidad Clínica de
Atención Médica Integral
Hospital del SAS
Virgen del Rocío
Sevilla