cen estas reformas, porque son edificios que poseen un
alto valor cultural e histórico, cuyo objetivo es alojar las
grandes colecciones nacionales de arte y que han de
enfrentarse a los nuevos problemas generados por la
afluencia masiva de visitantes y por la necesaria actuali-
zación de las colecciones y de los sistemas de presenta-
ción. Existe una indisoluble conexión entre estas coleccio-
nes y los edificios que las albergan. No puedo imaginar la
colección del Prado en otro edificio que no sea el de
Villanueva.
J.G.:
La tendencia de concebir el edificio como uno
más, o a veces el principal, objeto expositivo es fre-
cuente en la arquitectura de museos en las últimas
décadas. ¿Se corre el riesgo de que el público vaya al
museo sólo a ver el edificio, o por el contrario contri-
buye positivamente?
A.C.:
Tan inadecuada es esta tendencia que has citado
como la contraria, defendida por otros directores de
museos, que prefieren un espacio neutro, paredes
blancas, iluminación media, y ausencia de elementos que
distraigan de la contemplación de la exposición.
J.G.:
¿Qué criterio estáis siguiendo en la renovación de las
salas? ¿Cuál ha sido y está siendo la relación entre
vuestro proyecto arquitectónico y el programa museoló-
gico del Rijksmuseum?
A.C.:
El edificio de Cuypers es un edificio claro, potente,
en el que los espacios tienen su propia autonomía, que
intentamos recuperar, lo que supone una renovación de
las salas y por tanto, la modificación en la forma de
exhibir la colección. Desde el punto de vista de la expo-
sición, no sabemos hasta qué punto nuestra opinión