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Escribe Francis Haskell que a
muchos kilómetros por encima
de nosotros los aviones vuelan
cargados de Tizianos y Poussins,
Van Dycks y Goyas, que las
exposiciones de maestros anti-
guos se hallan hoy tan bien
asentadas en las instituciones
occidentales del arte como lo
están los museos públicos.
Acontecimientos culturales
siempre inigualables, las grandes
muestras de la actualidad
apuntan unos precedentes his-
tóricos que son trazados en
El
museo efímero
por la pluma
erudita de Haskell. Bien recopi-
lados y jerarquizados, estricta-
mente documentados sin olvidar
la valoración y el juicio, los ante-
cedentes van descubriendo al
lector la adaptación expositiva a
nuevas finalidades, la confluen-
cia de históricas motivaciones
económicas y comerciales, peda-
gógicas, nacionalistas o religio-
sas, de fines contemplativos en
esencia o de auras y consumis-
mos para grandes multitudes.
Desde las festividades ceremonia-
les celebradas en la Italia del
siglo XVII a los salones parisinos
del XIX, salvando triunfos y tribu-
tos y exposiciones en Pall Mall y
la Burlington House, recordando
exhibiciones memorables como
la celebrada en el Old Trafford de
Manchester en 1857, erudita y
pedagógica
Tesoros del Arte
,
espectacular y popular; la exposi-
ción sobre Holbein en Dresde en
1871, año de la fundación del
imperio alemán; los fastuosos
festejos en 1828 para conmemo-
rar el tercer centenario de la
muerte de Durero; la muestra de
1840 sobre Rubens, en Amberes;
las exposiciones de Velázquez,
Goya y el Greco en el Madrid de
1899, 1900 y 1902; la selección
de pintores holandeses en el Jeu
de Paume parisiense de 1921,
que inspirara a Marcel Proust
sugerentes impresiones sobre la
Vista de Delft
de Vermeer...
Haskell las podría relatar todas.
Nadie como él –es contundente
su amigo y prologuista Nicholas
Penny–. Catedrático de Historia
del Arte en la Universidad de
Oxford, comisario para el
Ashmolean Museum y la
Wallace Collection, conocedor
profundo de las instituciones
museísticas y las actitudes cultu-
rales de Europa en los últimos
cuatro siglos, autor de previas
monografías y ensayos sobre
aspectos parciales de las
grandes exposiciones, Haskell
realiza una historia social –única
en este sentido– de las exposi-
ciones temporales y sus efectos
colaterales, de sus derivaciones
y consecuencias económicas y
políticas, históricas, artísticas,
culturales y sociales, estéticas y
contemplativas, museográficas y
museológicas.
En una obra que reúne sabidu-
ría, estudio y sensibilidad, el
autor argumenta entre líneas los
beneficios de estos aconteci-
mientos populares del arte que
han ido ajustando sus objetivos
a los nuevos tiempos. Hoy, obje-
tivos calculados de repercusión
mediática y social, de conversión
de discursos museológicos en
eventos de masas que ofrezcan
una oportunidad única de con-
templación, durante un periodo
de tiempo limitado. Y aquí se
sustentan, en opinión de Francis
Haskell, las muestras de la con-
temporaneidad: en la gran
emoción y la intensidad de la
observación, que nacen de la
conciencia de que esta mágica
experiencia que representa la
magna exposición sólo puede
ser en la existencia efímera.
HASKELL, Francis
El museo efímero.
Los maestros antiguos y el auge de las exposiciones artísticas
Ed. Crítica. Barcelona, 2002
Beatriz Sanjuán Ballano
Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico
Joseph Farington, diagrama del ala
derecha del Gran Salón del Lyceum que
muestra la disposición de las pinturas de
la colección Orléans en julio de 1799.
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