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La expulsión de los jesuitas y la nueva
propiedad de sus bienes
Junto a este cambio de gusto y la consolida-
ción del nuevo hábito coleccionista que se
apreciaba en una aristocracia provinciana,
mercantilizada y alejada de los problemas de
la Corte, hay dos hechos bien distintos pero
coetáneos, que fueron fundamentales para la
consolidación del coleccionismo artístico sevi-
llano: la expulsión de los jesuitas con el paso de
los bienes de su propiedad a la Corona y la crea-
ción de la Academia de las Tres Nobles Artes.
Una ley del 2 de abril de 1767, conocida
como la Pragmática y expedida por Carlos III,
ordenó la expulsión de todos los miembros
de la Compañía de Jesús de los dominios de
la Monarquía Española y la expropiación de
sus inmuebles, siguiendo el ejemplo de lo
sucedido en otros países europeos. En virtud
de esta medida, que se creyó la solución a los
problemas provocados por los motines en la
Corte y en otras ciudades de España en
1766, pasó a la Corona la propiedad de
importantes edificios e instituciones en la
ciudad como el Colegio de San
Hermenegildo, la Casa Profesa, el Noviciado
de San Luis de los Franceses, el Colegio de las
Becas y el llamado colegio de los Chiquitos.
Además, se decretó también el cierre y expro-
piación de otros centros relacionados con la
Compañía de Jesús, como el Colegio de los
Ingleses y el de los Irlandeses, e incluso el
Seminario Diocesano, donde los jesuitas
impartían clases. El nuevo uso de los inmue-
bles expropiados se plasmó en la Real Orden
de 31 de mayo de 1768, tras oír el parecer
de la comisión local compuesta por el ilus-
trado asistente Olavide, por el entonces
Arzobispo de Sevilla, Cardenal Solís, y por el
Regente de la Audiencia de Sevilla, el
Marqués de Llanos
1
. Sin embargo, el testimo-
nio del Conde del Águila señala que todavía
diez años más tarde se habían hecho efecti-
vos pocos cambios de uso en los edificios,
mientras que otros serían vendidos, como el
ex colegio de San Gregorio, que pasó a ser la
sede de la Real Academia de Medicina
2
.
Con la misión de inspeccionar las pinturas de
las casas extinguidas y el estado de ese patri-
monio, vino comisionado a Sevilla en 1768 el
académico e historiador Antonio Ponz
3
. Por
disposición de Carlos III, una selección de esos
bienes artísticos fueron asignados a la recién
creada Academia de Tres Nobles Artes de
Sevilla y se trasladaron al Alcázar para ser
expuestos en sus salas. No obstante, es intere-
sante constatar que el nuevo valor que a partir
de entonces se otorgó a la obra de arte desde
los poderes públicos era el interés pedagógico,
que se ejercitaba a través del estudio y de la
copia de las pinturas de los maestros. Ponz, en
este sentido, apunta ese importante matiz que
también tuvieron estas nuevas salas promovi-
das desde la Corona. En palabras del ilustrado,
esas obras se instalaron en el Alcázar no preci-
samente para disfrute del Rey o de determina-
das personas,
sino para adorno y servir en el
estudio de las Artes en Sevilla
4
.
El nacimiento de la Academia de Tres
Nobles Artes
Con esta misma pretensión nació en 1769 la
Academia de las Tres Nobles Artes, aunque
pasaron algunos años hasta que dispuso de
los medios necesarios para cumplir sus fines
docentes. El 14 de Marzo de 1770 un grupo
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