estuvieron hasta 1813 en que se mudan al
vecino colegio de San Acasio. No obstante, los
salones del Alcázar continuaban siendo el
espacio representativo de la Academia, y allí
conservaban y exponían su colección.
Para los gastos de funcionamiento de la
Escuela, en 1773 se consignó un presu-
puesto de 2.500 reales de vellón anuales
que aumentó a 25.000 en 1775, habilitados
del presupuesto del Alcázar. Se constituye-
ron entonces las tres secciones con sus
directores, que se reunieron por vez primera
el 26 de octubre de aquel año. El Protector
Bruna fijó entonces
el horario público de
apertura de los salones, dos horas al día:
entre el 1 de octubre al 1 de marzo de 6 a 8,
y hasta fin de mayo de 7 a 9, que cerrará la
escuela por las grandes calores de este país,
pero los días de fiesta por la mañana podrán
asistir a dibujar en los salones del Alcázar
donde están colocadas las pinturas de tem-
de artistas destacados
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manifestaron a
Carlos III, su aspiración a ser la continuidad
de la mítica Academia que fundó Murillo en
1660 junto con Valdés Leal y otros pintores.
Esta inquietud por la enseñanza de la
pintura también se había puesto de mani-
fiesto en Sevilla años antes con la formación
de escuelas en el taller de algunos maestros,
como fue el caso de Domingo Martínez
6
. Al
igual que en el resto de las Academias que
ya existían en España, la recién creada insti-
tución sevillana fue pieza clave a la hora de
difundir la nueva estética lo que se reflejaría,
no sólo en la enseñanza académica, sino a
través de la colección artística que la propia
Academia formó así como en las colecciones
que cultivaron sus miembros y allegados.
La escuela enseñaba el arte de la pintura
proporcionando estampas y modelos, tanto
del natural como tomados de las esculturas,
que con este fin adquiría la joven institución.
Para poder ejercitarse, este grupo de artistas
alquiló un espacio que abonaba con sus
escasos ingresos. Esta escuela tuvo en su
inicios ocho maestros y cuarenta alumnos.
Para evitar el pago del alquiler solicitaron al
Rey una casa o un espacio en los Reales
Alcázares
7
, aunque su Alcaide D. Francisco de
Bruna, que sería el primer patrono de la
Academia, estimaba que no había sitio sufi-
ciente, por lo que les facilitó una casa del
patrimonio real en la calle San Gregorio.
Mientras tanto, Bruna insistía en la solicitud
de la protección económica del Rey para
poder dotar de directores a cada una de las
secciones.
Además de solicitar este espacio, la Academia
pretendía la Protección Real para consolidarse
institucionalmente. Con objeto de conseguir el
reconocimiento real enviaron a la Academia de
San Fernando de Madrid un cajón con obras
de los alumnos, a fin de que fueran inspeccio-
nados los trabajos. El 30 de julio de 1771
llegaron a Bruna las directrices sobre la
nueva fundación. En la Orden se nombra a
Bruna Protector y Director de la ya Real
Escuela y en ella establece como modelo las
reglas de la recién creada Academia de San
Carlos de Valencia. En 1772 las clases se tras-
ladan a una casa adecuada a las necesidades
de la enseñanza de pintura, (clases de princi-
pios, de modelo de yeso y clase del natural o
modelo vivo) situada en la calle Sierpes, donde
1. Jarrón de alabastro. Alcázar de Sevilla
2.
Herrera el Viejo
Multiplicación de los Panes y Peces
3. Galería Arqueológica
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