Page 59 - mUSA

Basic HTML Version

piezas singulares
La escultura en bronce que se conoce
popularmente y en el entorno científico como
“Togado de Periate” fue un hallazgo de
amplia repercusión. Aparecida fortuitamente
en 1982, poco después de los famosos
bronces de Riace en Reggio di Calabria
(Italia), generó un gran revuelo en la prensa
local y nacional. En la mente de todos estaba
el conocido síndrome “Dama de Baza”. Los
poderes locales y los intelectuales temieron
por la suerte de la escultura que temían fuese
a dar en las salas del Museo Arqueológico
Nacional de Madrid, tal como había ocurrido
con la célebre dama. Pero la Administración
central fue en esta ocasión sensible a la
demanda de la opinión pública granadina,
pues aunque aún no se habían consumado
las transferencias competenciales oportunas a
EL TOGADO DE PERIATE
Manuel Ramos Lizana
Conservador del Museo
Arqueológico de Granada
la Comunidad Autónoma de Andalucía, se
consideró que el mejor lugar para conservar
la escultura era el Museo Arqueológico
Provincial de Granada. Tan sólo un par de
años más tarde ya no habría que esperar
tales gestos, pues el Patrimonio Histórico
Andaluz pasaría a ser titularidad de la nueva
administración autonómica. Aún así, tal como
muestra el dossier de prensa que se incluye
en este trabajo, unos años después, cuando
la escultura viajó a Sevilla para ser restaurada,
aún existían recelos sobre su suerte futura y
la posibilidad de que no retornase a Granada.
Por otra parte, está el valor intrínseco de la
obra. No es el “Togado de Periate” una de
esas grandes obras de arte que hacen estre-
mecer a los visitantes de los museos o que,
al menos, los atraen como auténticos fetiches
de nuestra cultura. En esa categoría podría-
mos incluir otras piezas andaluzas como el
Hypnos
de Almedinilla (Córdoba) o el
Melephebos
de Antequera (Málaga).
Efectivamente, nuestra escultura no es com-
parable al “Zeus atacante” del cabo Sounion
o al “auriga niño” del Museo de Atenas, que
despiertan la emoción del público más
general. Pero, sin embargo, su valor como
documento histórico es incuestionable.
No obstante, este valor histórico queda cier-
tamente empañado por las dudas que aún
subsisten sobre el lugar de aparición y sobre
la identidad del personaje que representa.
La escultura queda a disposición de los
investigadores para que tales cuestiones
vayan aclarándose poco a poco, como si se
tratase de un texto clásico sobre el que los
filólogos volviesen reiteradamente.
Comencemos por el lugar de aparición. En el
lugar del descubrimiento han sido encontra-
dos algunos materiales arqueológicos de
1. Detalle de la mano con el dedo índice ade-
lantado, en actitud de sostener probablemen-
te un rollo o volumen