diez y ocho como su rama segunda los marqueses de Tous–. Su timbre heráldico es un águila bicéfala
sosteniendo entre sus garras una corona; así aparece esculpido en la antedicha portada”.
LASSODE LAVEGA:
“Las piedras del pasado (Casas y blasones sevillanos)”
(1922). Págs. 35 y 36.
El palacio a comienzos del siglo XX. Las pinturas del comedor
“Comenzada a reconstruir en 1906, imperando el gusto por el Renacimiento en la fachada, reuniendo
ejemplares arqueológicos y artísticos, la mansión fue dirigida por el arquitecto don Aníbal González y
Álvarez Ossorio, decorándola con el arte del renacimiento plateresco sobrio ymuy elegante. En el comedor,
colocado en 1860 por el anterior propietarioMarqués de la Granja, se conserva un techo pintado por Fran-
cisco Pacheco con influencia italiana, que perteneció a la suntuosa morada del poeta y Veinticuatro don
Juan de Arguijo, en la que se celebraban reuniones literarias en el siglo XVI-XVII, morada que se destruyó
por un incendio en 1913, cuando era almacén de drogas, en una esquina de las calles Laraña y Arguijo”.
GUICHOT Y SIERRA:
El Cicerone de Sevilla
(1925), Tomo I. Pág. 206.
Residencia de Richard Ford en Sevilla
“En Sevilla, Ford y su familia se establecieron en la magnífica casa de los Monsalves. Pertenecía al Ge-
neral O`Neill, que llevaba el título de Marqués de la Granja. Por las cartas siguientes, parece que Ford
encontró dificultades con su dueño y su administrador. Ford dice que la casa continuaba siendo tan
verdaderamente incorfortable como en los días de los moros. Pidió permiso para realizar tres mejoras:
un retrete, una chimenea y un asador, que hizo notar se consideraban necesarios en las grandes casas
inglesas. El administrador, dice, “después de ofrecerme su casa, besarme la mano y ponerse a los pies de
mi esposa, procedió más bien a protestar contra estas innovaciones, considerándolas desde el punto de
vista de la dilapidación, especialmente el común, que me aseguró ningún español limpio usaría, ya que
prefieren un bacín en sus habitaciones, y que, cuando dejase la casa, caería sobre mí el gasto de restau-
rarla, devolviéndola a su anterior estado de comodidad y limpieza…
…A los regocijos ordinarios con que se festeja anualmente la época del Carnaval, se ha añadido en el
presente el del magnífico baile dado por el señor D. Ricardo Ford en las casas de su morada, sitas en los
Monsalves. Este ilustre viajero inglés, deseoso de obsequiar al señor cónsul de su nación en Málaga,
que con sus dos hijas vinieron acompañándolo desde aquella ciudad, igualmente que a su esposa, ha
querido hacer una demostración tan digna de aquel laudable fin como propia de la magnificencia y
esplendidez inglesa. Efectivamente, todas las circunstancias de esta brillante función que tuvo lugar en
la noche antecedente, han correspondido a su ostentoso objeto: la sala de baile estaba primorosamen-
te decorada: en el testero principal se veían los nombres de Emma y de Robina, que son los de las dos
elegantes señoritas hijas del dicho señor cónsul, circundados de guirnaldas de vistosas flores; la ilumi-
nación estaba dispuesta con el mayor gusto, y finalmente en todo reinaba el orden, la delicadeza y la
oportunidad. La concurrencia ha sido brillantísima y compuesta de las principales damas de Sevilla, de
las autoridades, oficialidad de los cuerpos militares y muchas personas de distinción que asistieron con
la mayor complacencia a solemnizar este plácido tributo dedicado a la amistosa gratitud”.
FORD:
Richard Ford en Sevilla
(1963). Págs. 13-15.
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Antología de textos éditos