El significado de las pinturas del salón
“...íntimamente relacionado con el techo de la apoteosis de Hércules pintado por Pacheco para la Casa
de Pilatos, existe todavía otro, actualmente instalado en la Delegación del Ministerio de Educación y
Ciencia, que en su día adornó la casa del poeta Juan de Arguijo...
Al igual que el techo pintado por Pacheco para la Casa de Pilatos, el de la casa de Juan de Arguijo consta
de un panel central en el que aparece la asamblea de los Olímpicos y una serie de recuadros menores
periferales con las figuras ya familiares de Faetón y Ganímedes por un lado y de la Justicia divina, Astrea,
y la Discordia por otro; en dos cartelas menores, finalmente, aparecen pintados, en una el escudo con las
armas de los Arguijo y en otra una inscripción con la fecha, 1601, y la dedicatoria“al genio y a las musas”.
La mera descripción de las imágenes o una rápida visión de las mismas nos llevarían al convencimiento
de que el “tema” del techo sería una nueva instancia del conocido “topos” renacentista de la inmortali-
dad a través de la fama. Existen, sin embargo, una serie de detalles esparcidos por el techo pintado que
sugieren un significado bastante más complejo y sofisticado. Tenemos en primer lugar la figura de Zeus
en el panel central, acompañado de una serie de atributos: el cetro, una cornucopia y, a cada lado una
gran jarra, una brillante sobre la que el soberano olímpico extiende su mano protectora y otra, sumida
en la oscuridad...
Ahora bien, no es éste el único detalle poco usual del techo de la casa de Juan de Arguijo. La asamblea
olímpica la componen, además de Zeus o Júpiter, Apolo, que toca lo que parece una viola en vez de la lira
más tradicional, Hermes, Afrodita acompañada de Cupido, Hera, una divinidad femenina difícil de iden-
tificar pero que posiblemente sea Démeter, a juzgar por su atributo, un arado, Poseidón, Artemisa, Ares
y, una rara inclusión, el malévolo Saturno, reconocible también por su atributo, la guadaña. Este panel
central, con la asamblea de los olímpicos, aparece como traspasado por una ráfaga o estela sobre la que
destaca con toda nitidez una balanza, que constituye en realidad el centro de la composición. Podría-
mos sospechar que la inclusión de este último elemento aludiría al signo zodiacal de Juan de Arguijo;
pero la balanza, signo de Libra, rige del 24 de septiembre al 23 de octubre y por otro lado sabemos que
don Juan de Arguijo debió nacer mucho antes de esas fechas pues fue bautizado el 9 de agosto de 1567.
Ahora bien, la balanza fue también el atributo tradicional de Saturno y por extensión de la Melancolía
o humor melancholicus, como puede comprobarse en el famoso grabado de Durero “Melencolia I”, en
donde aparece una balanza prominentemente colgada de la pared junto con otros atributos del mis-
mo “humor”. En la Antigüedad clásica se había elaborado una teoría psico-fisiológica que atribuía los
caracteres del hombre al grado de desequilibrio existente entre los cuatro humores del cuerpo humano:
sangre, flema, bilis y humor negro o melancólico. Del predominio de cada uno de ellos resultarían los
cuatro caracteres básicos del ser humano: sanguíneo, flemático, colérico y melancólico. De estos cuatro
caracteres, el melancólico fue tenido por el peor, asociado con toda clase de enfermedades, y muy espe-
cialmente con la locura, con la vejez, la miseria, la pereza, etc. Pero esta teoría que gozó de credibilidad a
lo largo de toda la Edad Media experimentó en el Renacimiento una curiosa transformación.
(...)
Juan de Arguijo, en su calidad de poeta tenía que ser de temperamento melancólico y sus propios ver-
sos reflejan cómo era perfectamente consciente del carácter ambivalente de ese don: una sensibilidad
extrema tanto para lo bueno como para lo malo...
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Palacio de Monsalves
Historia del edificio y sus moradores