en el que exponía sus teorías
sobre lo que hoy llamaríamos
Geología.
A los ocho años de estar en el
Colegio de Roma, Kircher fue
liberado de sus obligaciones
docentes para que se pudiera
dedicar a sus investigaciones.
A partir de ese momento (los
libros aparecían con una regula-
ridad de cada tres o cuatro
años) publicó sus obras más
importantes. En total su libros
superan la cuarentena, amplia-
mente ilustrados con grabados
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.
Los temas de los que se ocupó
fueron de lo más variado. Sobre
música y acústica escribió
Misurgia universalis
y
Phonurgia
nova
; sobre magnetismo
Magnes sive de arte magnetica
,
Ars magnesia
y el
Magneticum
naturae regnum;
sobre geología
la ya citada
Mundus subterra-
neus
; sobre astronomía el
Itinerarium exstaticum
; la bús-
queda de un lenguaje universal
en
Polygraphia nova et universa-
lis
; el estudio de la historia
natural y la medicina (aplicó el
microscopio a sus investigacio-
nes) en Scrutinium physico-
medicum contagiosae luis quae
pestis dicitur
; el mundo antiguo
fue estudiado en
Latium
y la
conexión de la historia antigua
con la Biblia en
Arca Noe
y
Turris Babel
; a Oriente dedicó la
obra
China Monumentis ilus-
trata
y al estudio de la egiptolo-
gía y de las religiones compara-
das
Oedipus Aegyptiacus
; la
interpretación de los obeliscos
egipcios en
Obeliscus
Pamphilius.
Por situar en su contexto la
obra de Kircher, señalemos
algunos hechos científicos coetá-
neos: En 1632 Galileo Galilei
había publicado su “Diálogos
sobre los sistemas del mundo”,
lo que desencadenó el proceso
en el que se vio obligado a
abjurar de sus ideas. En 1637
Descartes escribe el “Discurso del
Método”. En 1647 Blas Pascal
publica las “Nuevas experiencias
acerca del vacío” y en 1661
Boyle formula la Ley de los gases.
Colaboró también Kircher con
artistas, como por ejemplo con el
gran Bernini. Trabajaron ambos
en común en el proyecto de la
Fontana dei Fiume, de Piazza
Navona. Athanasius contribuyó
con sus conocimientos egipcios y
en la dirección de la reconstruc-
ción del obelisco traído del Circo
Massimo, apreciándose también
la influencia kircheriana en el dis-
curso alegórico de toda la fuente
sobre la historia del mundo,
desde al antiguo Egipto hasta el
primado de la Roma papal.
Pero la obra de Athanasius
Kircher no se limitó a la obra
impresa. En su cuarto en Roma
había comenzado a coleccionar
todo tipo de objetos, fruto de
sus investigaciones. La colección
llegó a ser desbordante. La
ocasión para exhibirla la propor-
cionó la donación en 1651 al
Colegio Romano de la colección
del patricio de la Toscana Alfonso
Donnini, consistente esencial-
mente en antigüedades que
anteriormente estaban en el
Palazzo dei Conservatori en el
Capitolio. Se buscó una amplia
sala en el Colegio Romano en la
que exponer todas las piezas,
tanto las de Donnini como las
que tenía Kircher.
Así nació el
Museum
Kircherianum
–famosísimo muy
pronto en toda Europa–, que sería
en el futuro foco de atracción de
artistas, príncipes, investigadores y
de cuantos avisados llegaban a
Roma. Athanasius Kircher, que
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