la Escuela se había propuesto aunque sin
resultado, sacar vaciados de yeso de las escul-
turas de la casa del Duque de Medinaceli, a
pesar de que se había trasladado a la Corte
gran parte de esa colección
19
.
A partir de 1788 comenzó el traslado al
Alcázar de las esculturas encontradas en
Itálica
20
, fruto de las excavaciones realizadas
con la colaboración de Bruna y del Conde del
Águila. Matute nos informa de algunas de las
esculturas más importantes y que hoy
pueden verse en el Museo Arqueológico de
Sevilla:
cuatro fragmentos de estatuas de
escultura griega de lo más apreciable que hay
en España, y que podrían hacer un gran
papel en el célebre Museo Capitolino de
Roma. Dos de ellos son cuerpos de estatuas
colosales de varones, de bellísimo mármol,
una desde el cuello hasta las rodillas, sin
brazos ni cabeza, hasta la mitad del muslo
derecho por un lado y por el otro hasta la
mitad de la pierna izquierda. Una de las
Jesucristo servido por los ángeles y un San
Hermenegildo de medio cuerpo, procedentes
de la casa profesa de los jesuitas
14
. De Lucas
Valdés y Valdés Leal, Ceán ve algunos
cuadros en el salón bajo que pueden identifi-
carse con la serie de la vida de San Ignacio
que realizó Valdés Leal para el Claustro de la
casa Profesa de la Compañía, desde donde
Ponz dice que se trajeron al Alcázar.
En las paredes del salón también se veían las
obras galardonadas en los dos concursos
convocados por la Academia. En 1778 fue
premiado Vicente Alanís por
Hernán Cortés
en la Costa de Veracruz
y el accésit se con-
cedió a Juan de Dios Fernández, por un
cuadro del mismo tema que fue el pro-
puesto para ese año
15
. La convocatoria de
1783 proponía la copia de uno de los
cuadros de Murillo. Tras la selección de los
trabajos en Madrid, fue otorgado el primer
premio a José Rubira por la copia de la
Sagrada Familia de Murillo de la colección
del Marqués del Pedroso
16
y el segundo a
José Gutiérrez. Bruna enmarcó los cuadros y
los colocó en el salón.
La sala de esculturas clásicas y restos
arqueológicos
La llamada
sala de esculturas e inscripciones
de la Bética
estaba ocupada por numerosas
esculturas y restos arqueológicos de variada
naturaleza, desde vaciados de escayola, escul-
turas e inscripciones, hasta capiteles. El
proceso se inició en 1775 con las copias de
los modelos de yeso de esculturas griegas y
romanas que trajo Antonio Rafael Mengs de
Italia para Carlos III y éste ordenó vaciar para
la Escuela de las Tres Nobles Artes, mandando
costear los cien doblones de su transporte y el
viaje
de la persona inteligente que viniera a
colocarlos
17
. Entre ellos sobresalen en el salón
de estatuas los modelos del
Laocoonte
, del
Apolo
, del
Gladiador moribundo
y de otras
varias piezas de las célebres romanas en yeso
para estudio de los alumnos
18
. Anteriormente
mejores es Diana cazadora y la otra parece
un César en aspecto de deidad, las cuales
fueron transportadas al alcázar y existen con
otras antigüedades en uno de sus salones
21
.
La precisa descripción del Conde de Maule
informa de la existencia en el mismo lugar de
un torso colosal de mármol, de bastante
mérito; otra estatua mutilada de un muslo,
de un pie, y parte de la caña de la pierna, y
la mitad de la cabeza desde el nacimiento de
la nariz; un pedestal con dos piernas y pies
colosales y parte del ropaje; otra estatua de
mujer vestida sin cabeza, otras varias estatuas
mutiladas, columnas, pedestales y lapidas de
mármol con inscripciones encontradas en las
excavaciones de Itálica; un brocal de un pozo
de mármol blanco con inscripción árabe; y
otra piedra con inscripción fenicia muy rara;
de todas las cuales me dicen que había
formado una relación el señor Bruna, conser-
vador de estas antigüedades que no he
podido ver con motivo de su fallecimiento
22
.
5.
Juan de Valdés Leal
Aparición de la Virgen y el Niño a
San Ignacio en Pamplona