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En el mismo salón gótico se depositaron
restos arqueológicos que se encontraron en la
ciudad con motivo de obras que se realiza-
ban. En 1796, cavando el cimiento de la
iglesia de San Ildefonso,
se halló un pedestal
romano con adornos jónicos con flores y a sus
costados figurados en relieve una patera y
una vaso de sacrificios, con una inscripción en
el tímpano que se depositó en el salón del
Alcázar
23
. Otras esculturas se adquirieron por
compra, como una estatua de Bacante y otras
tres estatuas fueron vendidas por el pintor D.
José Alanís para la escuela de Sevilla
24
.
La disolución de la Galería
En mayo de 1807, tras la muerte de Francisco
de Bruna, se dispersó la colección. La falta de
acuerdo sobre la propiedad de algunos bienes
expuestos motivó la intervención del rey
Carlos IV en la testamentaría. El problema
radicaba en que la misma persona de Bruna
había ostentado el cargo de Teniente de
Alcaide del Real Alcázar durante más de cua-
renta años, que además administraba los
bienes de la Corona en ese palacio, y que a la
vez ejercía el cargo de Protector de la
Academia por nombramiento Real. Por otro
lado, como estudioso, reunía los restos
arqueológicos que iban apareciendo en la
ciudad y sufragó las excavaciones en Itálica en
esos años con la colaboración del Conde del
Águila. Como coleccionista particular adquirió
un elevado número de obras de arte, monedas
y objetos orientales. Toda esta situación motivó
que la colección de Bruna quedara confundida
con los bienes de la Academia como se
aprecia a través de los testimonios de la época.
La numerosa biblioteca, en cambio, fue adqui-
rida por el rey Carlos IV y hoy se encuentra
incorporada a la Biblioteca del Palacio Real.
Éste es el origen de la dificultad para delimitar
cada una de las tres propiedades (las obras
que pertenecían a los herederos de Bruna, las
de la Academia y las de la corona). Así, la
Adoración de los Magos
, de Velázquez, que
había pasado del Noviciado de los Jesuitas en
San Luis al Alcázar por orden de
la Pragmática
,
lo reclama la Academia como propio a los
herederos de Bruna, cuando en realidad era
propiedad de la corona, como pone de mani-
fiesto el teniente de alcaide interino de los
Reales Alcázares a la muerte de Bruna
25
. De
este modo, fueron transportados a Madrid,
solicitados por Ceballos para que los conozca
S.M. y de manera inmediata, los cuadros de la
Adoración de los Magos, por Velázquez, la
Susana de Veronés y los dos retratos atribuidos
a Ticiano, además del libro de dibujos de origi-
nales de Murillo, Zurbarán, etc.,
que llegaron a
Madrid el 2 de agosto de 1807
26
.
6.
Diego de Silva Velázquez
Adoración de los Reyes