museológica /
tendencias
En los últimos años, el mero acto de con-
sumir ha perdido terreno ante el acto de
consumir experiencias. Mientras que el
consumo de productos comerciales (alimen-
tación, ropa, o bienes duraderos) sigue ocu-
pando un gran porcentaje de nuestra activi-
dad consumista, los consumidores cada vez
pasan más su tiempo de ocio en el consumo
de experiencias. Estos consumidores se
sitúan en el mercado en busca de estimula-
ción sensorial, de enriquecimiento intelec-
tual y de distracción. Van a la búsqueda de
películas, de teatro, de deportes, como
espectador o como participante, de focos de
atracción turística, de lugares históricos, de
exposiciones y de festivales que satisfagan
sus deseos. Los museos son un lugar privile-
giado para el consumo de experiencias. El
público del museo está consumiendo
cuando visita una colección, cuando lee
folletos y comentarios sobre el mismo,
cuando acude a visitas guiadas o atiende a
grabaciones, incluso cuando toca la colec-
ción (si eso estuviese permitido).
Aún así, no consideramos de forma general,
que los museos sean instituciones con pre-
tensiones tan básicas. Los museos también
son escenarios donde a un visitante con
capacidad de discernir se le permite obser-
var el gran arte, los tesoros de las civilizacio-
EL MUSEO COMO CATEDRAL DE CONSUMO:
DESAFÍOS Y PELIGROS
George Ritzer*
Todd Stillman
Universidad de Maryland
nes, los objetos de la naturaleza, etc.
Aunque los museos sean considerados de
ésta y otras formas, los directores y los con-
servadores son conscientes de que el museo
también es un lugar que se puede consumir.
La visión democrática del colectivo de
museos consiste en que el museo ya no se
limita a ofrecer arte y cultura elevados en
una atmósfera intelectualmente densa. En
esta realidad intervienen, por una parte, las
fuertes tensiones que están sufriendo las
donaciones, patrocinios y demás tipos de
finaciación que afectan a los museos y, por
otra, una nueva ideología populista que
insiste en que los museos hagan un esfuerzo
por llegar hasta una comunidad más amplia
de visitantes potenciales. Como resultado,
los museos se ven envueltos en una compe-
tición con otras experiencias de consumo
más accesibles. Un fracaso en tal competi-
ción en el mundo cotidiano puede acarrear
un declive en las visitas o que el museo se
relegue a un segundo orden de importancia.
El museo contemporáneo se entiende más
bien como un “entorno”, como una “cate-
dral” que es en sí un objeto a consumir
(Ritzer, 1999). Por otra parte, un museo es
un
medio
que le permite al visitante consu-
mir la experiencia del museo. Sería difícil, si
no imposible, que una persona de tipo
* Autor de “The McDonaldization of Society”.
Profesor de Sociología de la Universidad de
Maryland
En los últimos años, el mero acto de consumir ha perdido terreno ante el acto
de consumir experiencias. Mientras que el consumo de productos comerciales
(alimentación, ropa, o bienes duraderos) sigue ocupando un gran porcentaje
de nuestra actividad consumista, los consumidores cada vez pasan más su
tiempo de ocio en el consumo de experiencias. Tales consumidores se sitúan
en el mercado en busca de estimulación sensorial, de enriquecimiento intelec-
tual y de distracción. Van a la búsqueda de películas, de teatro, de deportes.