profesora de Hª del Arte y académica o
Elena Martín Vivaldi, Directora de la
Biblioteca de la Universidad y poeta desta-
cada de la literatura española del siglo XX.
Y, algo más tarde, Carmina Villanueva Rico
y Mª Angustias Moreno Olmedo, que diri-
gieron los archivos de la Universidad y de La
Alhambra respectivamente y también
fueron profesoras universitarias.
(RODRÍGUEZ TITOS, 1998).
Única alumna de aquella Facultad de Letras,
que compartía edificio con la de Derecho,
no es preciso imaginar sus dificultades y
apuros, pues ella misma los relató en una
entrevista publicada en el diario
Ideal
en
1964. Evitaba la puerta principal e ingresaba
por una trasera, por darle vergüenza coinci-
dir con los demás alumnos; un sentimiento
que sufría acentuadamente cuando algunos
profesores la sentaban a su lado y frente a
sus compañeros de clase. Pasó muchas
horas de los crudos inviernos granadinos en
los bancos del patio, sin poder disfrutar de
la comodidad de la sala de alumnos.
El ambiente cultural y universitario de ese
momento es el propiciado por la impor-
tante renovación que se produce, a partir
de 1910, en la Universidad de Granada, de
la mano de un nuevo profesorado, en con-
sonancia con el resto del país y en relación
directa con el regeneracionismo y con las
propuestas de la Institución Libre de
Enseñanza, que marcan una línea de pensa-
miento, una filosofía, de trascendental
importancia en nuevas formas de entender
la educación, la cultura y la investigación,
que se ha venido en llamar “institucio-
nismo”. Entre ese nuevo profesorado
destaca Fernando de los Ríos, que llega a
Granada en 1913 (GAY ARMENTEROS y
VIÑES MILLET, 1982). Su mujer, Gloria
Giner, imparte Geografía e Historia en la
Escuela Normal de Maestras cuando
Joaquina estudia allí, a partir de 1915. Es
muy probable la influencia de esta profe-
sora sobre la alumna, que más tarde fue
amiga, en su decisión de matricularse en la
Universidad. Sin embargo es éste uno de
los numerosos lugares de la biografía per-
sonal y profesional de nuestro personaje
aún por iluminar. Darío Cabanellas cuenta
que fue aconsejada en este punto por la
directora de la Escuela, Mª de la Capilla
Solo de Zaldívar. Pero ésta, cuyo nombre de
pila era realmente Ana María –y no el refe-
rido por Cabanellas–, era representante de
un regeneracionismo moderado a favor de
la formación de la mujer, aunque no en los
mismos grados y contenidos que el
hombre, pues dicha formación estaba al
servicio del papel social como esposa y
madre. Las posiciones más avanzadas y
feministas eran defendidas por determina-
das personas vinculadas al institucionismo
–como Gloria Giner– y en las que destacó
sobre todo Berta Wilhelmi, que venía
defendiéndolas desde 1892, cuando pre-
sentó al Congreso Pedagógico Hispano-
Portugués-Americano su ponencia titulada
“La aptitud de la Mujer para todas las pro-
fesiones” (CABANELLAS RODRÍGUEZ, 1982;
BALLARÍN DOMINGO, 1990).
Entre sus profesores de la Facultad de Letras
se encontraba Martín Domínguez Berrueta,
que encandilaba a su alumnado con sus
clases de Teoría del Arte y les organizaba
excursiones artísticas por Andalucía.
Procuraba además despertar la inquietud
literaria en sus alumnos y fue el más admi-
rado por Federico Garcia Lorca, según ha
contado su hermano Francisco. Allí también
conoció a los jóvenes profesores ayudantes
Antonio Marín Ocete y Antonio Gallego
Burín, al que más adelante sucedería en la
dirección del Museo Arqueológico y con el
que no dejará de relacionarse tanto en lo
profesional como en el terreno de la
amistad; o a sus compañeros Emilio Orozco
y Jesús Bermúdez, que pusieron en marcha
el Laboratorio de Arte de la Universidad y
con quien Joaquina también mantendría
amistad y relación profesional, especial-
mente con este último, que sería su colega
como Director del Museo de La Alhambra.
Desde 1925, y durante bastantes años, fue
la única profesora de la Universidad de
Granada, pero para entonces la amistad y
camaradería con sus compañeros y su parti-
cipación en la vida cultural e intelectual de
la ciudad –asiste a la tertulia de “Villa
Paulina”, que junto a las de “El Rinconcillo”
“La Antequeruela” o “El Centro Artístico”
El Museo Arqueológico de Granada que dirigió
Joaquina Eguaras. Patio principal
mus-A / 1
49