otros con los que desde 1859 se habían
profesionalizado y funcionarizado estos ser-
vicios, en vista de los resultados tan negati-
vos que había producido la anterior admi-
nistración honoraria, no remunerada y
escasamente cualificada, a la que numero-
sas voces críticas culpaban del lamentable
estado en que se encontraba nuestro patri-
monio cultural (BOLAÑOS, 1997).
En ese mismo año se incorpora al Museo
Arqueológico de Granada y poco después
es nombrada directora. Pero hasta 1940,
no habrá lugar para desplegar la intensa
actividad de difusión que caracterizará su
gestión, junto con las de adquisición, en lo
que le valió mucho su gran habilidad
social, y las de documentación y potencia-
ción de la investigación, impulsando exca-
vaciones arqueológicas e incrementando la
cantidad y calidad de los fondos de la
biblioteca, con publicaciones de primer
nivel, nacionales y extranjeras. Sus principa-
les preocupaciones y objetivos entonces, en
los que fue insistente y tenaz, eran la situa-
ción de grave deterioro del edificio de la
Casa de Castril, y la escasez espacial que
imponía la convivencia en el mismo con el
Museo de Bellas Artes. En 1935 se
derrumba una parte importante de las
cubiertas, cornisas y arcos de la galería alta
y se produce el hundimiento del patio.
Aunque un proyecto de recuperación de
Fernando Wilhelmi fue aprobado al año
siguiente, la guerra civil impidió su realiza-
ción, y el arquitecto tuvo que formular uno
nuevo, que fue ejecutado parcialmente en
1942, posponiéndose la reparación de las
cubiertas (VILLAFRANCA JIMÉNEZ, 1998).
Tres años después el Museo de Bellas Artes
se trasladó a su actual ubicación en el
Palacio de Carlos V.
Durante la guerra y la inmediata posguerra las
autoridades están sobre todo preocupadas
por las labores de recuento e inventario de
fondos, que Joaquina cumple diligentemente,
y por el control político de los centros y de su
personal. En esto, pese a ser en el lenguaje de
la época, “afecta al Régimen” y asumir los
cargos de Jefe Provincial del Cuerpo de
Bibliotecarios y Archiveros y responsable de
bibliotecas de frentes y hospitales y de la
depuración de libros, en los pocos documen-
tos oficiales que se conservan de esta época,
no muestra el entusiasmo del lenguaje triunfal
que encontramos en muchos de sus colegas.
Durante toda su vida mantuvo amplias rela-
ciones en los ambientes culturales y universi-
tarios, incluso fuera de nuestras fronteras –fue
miembro correspondiente de
The Hispanic
Society of América
–, y muy pocas en los círcu-
los del poder. Era una mujer intelectual, la
primera que ingresó como numeraria de la
Real Academia de Bellas de Nuestra Señora de
las Angustias y la única hasta su muerte en
1981. Políticamente conservadora, profunda-
mente religiosa, pero de inteligencia abierta y
tolerante con el pensamiento y el modo de
vida de los demás.
La creación de la Inspección General de
Museo en 1940, a cuyo frente se sitúa
Joaquín Mª de Navascués, impulsarán su
vocación pedagógica y divulgadora, en cuyo
desarrollo destacará a nivel nacional, tal y
como puede comprobarse en los datos de
las Memorias de los Museos Arqueológicos
Provinciales. El de Granada se sitúa varios
años en los primeros puestos en número de
lectores de la biblioteca, organización de
cursillos y conferencias, visitas explicadas
del museo, visitas escolares y excursiones
guiadas a los principales monumentos de la
ciudad. Sirvan de botón de muestra las 40
conferencias organizadas en 1942, de un
total de 71 en los 25 museos arqueológicos
del Estado, o los 930 usuarios que alcanza
la biblioteca en 1943, cifra que jamás ha
vuelto a conocer el museo, ni siquiera por
aproximación.
En sus 37 años de dirección, los fondos del
Museo se incrementaron de 1.800 a 8.500
piezas. Debe señalarse que la mayoría de
estos ingresos son piezas singulares proce-
dentes de colecciones, que requerían una
labor de captación, y muy pocos de lotes
de objetos o fragmentos recuperados en
intervenciones arqueológicas o hallazgos
casuales, que tenían su destino en el
museo por imposición legal. Sin ser una
persona extrovertida, la habilidad social de
Joaquina Eguaras y su amistad con perso-
nas de todo el espectro social, incluida la
aristocracia, le valieron la obtención de
importantes donaciones como las realiza-
das por la familia Pérez de Herrasti, entre
ellas la escultura ibérica de un toro proce-
Joaquina Eguaras en los años 70
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