colección de Serafín García de la Huerta,
pintor, restaurador y marchante madrileño.
A su muerte en 1839, parte de las obras
pasaron a otras colecciones como la de
Aguado y de ésta a la del marqués de
Salamanca, ambos importantes coleccionistas
madrileños. Los documentos sobre la ejecu-
ción de su testamento en 1842 indican que
la colección se componía de más de mil
cuadros, algunos de autores de gran
renombre
6
. En la relación de éstos que hizo el
testamentario encargado de su clasificación y
tasación, el pintor y Restaurador de Cámara
D. José Bueno, ya no aparece el retrato de
Jorge Manuel pues había sido comprado a su
propietario antes de su fallecimiento
7
.
Las siguientes noticias son de 1838, cuando
aparece en los archivos del Louvre, con el
número 295; en el catálogo de la Galería
Española con el número 260 y en el de la
Galería Louis Philippe con el 269
8
. El Rey Luis
Felipe de Orleáns fue el principal divulgador
de la pintura española en Europa aunque su
descubrimiento había sido un proceso progre-
sivo desde los años del Primer Imperio. El
enorme tráfico de obras de arte que se
produjo en España tras los sucesivos procesos
de la tela, creando un atractivo efecto óptico.
Los pinceles apenas rozan el lienzo en
algunos detalles como la gola, realizada con
factura muy suelta y jugosa que contrasta
con los empastes de las zonas de luz. El
estudio radiográfico pone de manifiesto la
existencia de varios arrepentimientos en el
rostro, los pinceles y el puño, pero sin duda el
más significativo es el de la gola, inicialmente
más pequeña y que ha sido borrada utili-
zando la espátula que arrastra el pigmento
para pintar sobre ella la otra mayor.
Los cinco colores de la paleta que porta el
retratado, blanco, bermellón, laca de garan-
cia, ocre amarillento y negro marfil, también
dieron lugar a muchos comentarios. Para
algunos autores de fines del XIX como Solvay
constituían los únicos componentes de las
gamas de color de sus cuadros, en una arbi-
traria generalización que obviaba la riqueza
de tonos de muchas de sus obras
5
.
La documentación existente sobre los diver-
sos propietarios del cuadro antes de su
ingreso definitivo en el museo, aporta
también una nota de singularidad a esta
obra. Existen noticias de que perteneció a la
desamortizadores, muy particularmente el
decreto de 1835, espoleó su afán coleccio-
nista que perseguía una notoriedad cultural
acorde con sus ambiciones políticas. Fruto de
esta afición fue el envío de dos agentes, el
Barón Taylor y el pintor Dauzats, con el
encargo de comprar lo mejor que encontra-
sen sin reparar en precios. El resultado de esta
ambiciosa empresa fue la Galería Española del
Louvre, que se abrió al público en enero de
1838 con una extraordinaria resonancia en los
ambientes culturales franceses. Diez años más
tarde, la caída de la Monarquía trajo consigo
la dispersión de la Galería y una proporción
muy importante de las obras pertenecientes a
la colección, entre las que se contaba este
retrato de Jorge Manuel, fue subastada en
1853 por la casa Christie's de Londres. En el
catálogo de la subasta, donde aparece con el
número 24, se reseña que el cuadro procedía
de la colección de Luis Felipe, quien a su vez
lo había adquirido a García de la Huerta y que
fue finalmente adquirido por el famoso anti-
cuario londinense Colnaghi en 41 libras
9
.
Pero la fortuna quiso que gran parte de esa
colección y con ella este retrato volviera a
Sevilla, ciudad de la que habían salido tantas
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