EL ALMA DE LOS CUENTOS
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INSTITUTO ANDALUZ DE LA MUJER
- ¿Veis aquella nube? -pregunté-.
- Sí, la vemos -contestaron a la vez-.
- Pues en realidad es una niña amiga mía a la que le gusta transformarse en nube
para viajar sin rumbo por el cielo.
Los más incrédulos se rieron. Los otros, la mayoría, miraban atónitos a la nube y a mí,
tratando de adivinar la sorpresa que les preparaba.
- ¡Atención, atención! ¡Silencio absoluto, por favor! Voy a concentrarme y hacer que,
sin que deje de ser nube, esa niña aparezca en carne y hueso, como cualquiera de vo-
sotros.
Todos me miraron ya fascinados, hasta los más incrédulos.
- ¡Abracadabra! -Exclamé ceremonioso señalando a las alturas-.
¡Que la nube de allí, en niña se transforme aquí!
Mientras pronunciaba estas palabras mágicas tomé de la mano a la niña invisible y la
puse delante de todos.
- ¡Voilá! ¡Aquí está!
Un grito de asombro salió a la vez de todas las gargantas. La miraban como si nunca
la hubieran visto. Y se acercaron a tocarla con una cierta prevención.
- ¿Es de verdad o es de ilusión? -preguntó una niña, después de un silencio expectante-.
Le contesté que era tan de verdad y tan de ilusión como ella misma. Poco a poco se
acercaron a la niña que había sido invisible. Rápidamente se disiparon sus reparos.
- ¿Juegas con nosotros? -le preguntaron-. Claro -dijo ella riendo-.
Aproveché aquel momento para marcharme sin despedidas. Al alejarme miré hacia
atrás. No vi a la niña de la nube, sólo a un tropel de niños y niñas que jugaban.
Paco Abril